Brillaba aquella hoja como un doblón de oro
perdido entre la hierba.
Era el primer heraldo de ese tiempo de otoño
que ya se adivinaba
y sorprendió mis ojos con su luz diferente.
¿De dónde habría venido tan dorada y tan bella?
¿Qué árbol la perdería, raptada por el viento?
Tuve que recogerla y al sentirla en mi mano
era como una joya sujeta entre los dedos.
Mas ni el brillo del ámbar ni el fulgor del topacio
pudieron compararse a toda su hermosura
vegetal y sencilla.
La puse entre las páginas del cuaderno en que escribo
y está allí, refulgente.
Ilumina mis torpes palabras de poeta
da valor a mis versos
y me encuentro con ella cada vez que lo abro
para hacer el apunte de una emoción sentida.
ANA MARÍA ROMERO YEBRA -Almería-
Publicado en Luz Cultural
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