“Que mi pluma rasgue
el corazón de la vida”.
De mi boca pende un cielo,
la sangre del cerebro bulle,
la humanidad entera
zozobra en mis labios
y te arraso el alma
y te quito los miedos.
Un ojo despojado de sus pestañas
me deja sentir tu lamento,
te balanceas
por la vestimenta cerrada
entre mis sueños
dulces como un licor,
te empapas,
y en el devaneo de un silencio
una ráfaga de viento
me acerca tu voz,
que se esparce gota a gota.
No susurres,
calla.
Tú que habitas mi mundo,
tú que lees mi tiempo,
échate a caminar
y no te pierdas
en la geografía de un recuerdo.
Rafi Guerra
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