La noche rumor de amante
y del alma carcelera.
Estoy de ti prisionera
como luna caminante.
Llevo el corazón sangrante
por las sombras de un olvido.
La tierra lanza un gemido
que me lo traduce el viento,
es tu nombre que presiento,
en mi corazón herido.
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Se va la noche callada
y una voz dulce y sonora,
sonó al llegar la aurora
para perderse en la nada.
Y mi rosa desolada
se quedó sin primavera
rota y triste en la ribera.
A una sombra solitaria
yo le recé una plegaria,
cómo si una virgen fuera.
Pepita Oliva
Publicado en la revista Aldaba 17
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