viernes, 7 de febrero de 2014

NACIMIENTO


En un lugar donde no hay oscuridad ni luz, donde ni brilla el sol ni la luna, donde ni tan siquiera sopla el viento, se escucha el ritmo del latido de un corazón acelerado avanzando hacia la luz.
Un despertador suena. Para detener el sonido es necesario un llanto vigoroso que anuncie el principio de un largo camino.
Con los años el sonido evolucionará: primero será un llanto que tomando una nueva forma se convertirá en palabras que pedirán, seguirá su maduración hasta llegar a compartir sentimientos y es entonces, cuando pudiera aparecer otra melodía con un sonido propio.

Fátima Fernández Méndez (España, Asturias)
Publicado en la revista Los Cuadernos de las Gaviotas

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