Quejas lejanas se desprenden
en la hondura de la noche;
desgarrando las horas del silencio.
Pero ahora estás aquí,
y las inevitables sombras se dispersan...
Sé que has venido para disfrutar
de mis sabores, pero no importa...
Ya no me queda tiempo, y la sangre
se me enciende al mirarte.
Estoy tan sola y te esperé tanto...
Dame tu mano y ayúdame a sostenerme,
invisible, entera, sin quebrantos;
aunque solo sea por esta noche...
Y beber la última gota
de esta pasión incesante.
Ana Lombardo
Publicado en el blog poetasclamor
No hay comentarios:
Publicar un comentario