No queríamos volver a casa:
nunca queríamos volver.
La calle, nuestro gran juguete,
creaba adicción y nos llamaba
desde sus tricolores labios
-verde campo,
amarillo albero
y rojo barro con
palabras de luz
Pero....
apenas el sol se echaba a dormir
tras los depósitos de la Fábrica de Gas,
-explosivo puñal en el costado del barrio otros
labios,
dulces y maternales
ponían toque de queda
al horizonte de nuestro juegos
con un potente siseo:
¡Chissssssst...! ¡Ya vamos, madre!
Agustín Pérez González (Sevilla)
Publicado en la revista Aldaba 17
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