lunes, 9 de diciembre de 2013

QUINCEAVO ANUNCIO


 A Ofelia Líbano

“La sombra se ahoga al fondo del pecho”
Federico Schopf

Un procedimiento marchito sube por las paredes
Un poco de sol, un poco de musgo en el patio
Algún día seremos dueños de la caída.
Yo quiero subir también, más esa combustión vertebrada
Me hace enterrar vivos a los animales
Hace que la casa se mueva sola hacia el agujero ceremonial
Y ahí estamos recordando aquella noche de gala
Cuando prendieron una luz azul en todo el cuarto
Casi parecía un escenario,
Las abundantes cortinas de terciopelo, las espesas alfombras
Y ahí estaba el tiburón gótico metiendo
Y sacando la cabeza de la licuadora
A la primera saltaron los ojos, fueron tasados de inmediato
No hay distinción entre ellos
Y las joyas que te recuerdan a tus espectros directos.
A la segunda saltaron los pedazos del hocico,
Fueron tasados de inmediato
No hay distinción entre ellos
Y esas joyas que esperaban que estuvieras sola
Para darte un zarpazo y desprenderte una luz azul,
Con que impulso la desprendían
Como si desprendieran el tormento de las estatuas o una zona cualquiera.
Ya llegará la casa antes que termine la función,
Cuando quedes solamente tú en ella
Y hables de tu novio y él a lo lejos presienta
Que un agujero ceremonial enriquece la noche.
Ojos, joyas y restos de un hocico se revuelcan bajo una luz azul
Salen impulsados hacia arriba,
También quieren subir y así totalmente tasados
No hay distinción entre ellos y esta tierra
Que se encamina sola hacia una culpa redonda.
La vida ha montado las llaves ya llegará,
Y estarás junto a él en una zona cualquiera
La luz azul se revuelca en el mar, cuanto zarpazos para saber
Que para que el mar se moviera solo, un dios tuvo que estar atado
Cuantos zarpazos para saber
Que ni ella ha podido llevarse el tormento de las estatuas
Ni ella ha podido avanzar más que la casa,
Y a propósito de la casa, ¿La recuerdas?
Cambia de número a medida que avanza,
Ya no pueden dejar ni cuentas ni cartas
Para que hablar de las visitas.
Hay espectros rodeando el agujero ceremonial
Tu vestido de gala se estrella contra las cortinas
Cuando lo amabas él se metía dentro de ti,
Le saltaban los ojos y la boca en pedazos
Y volvía a meter la cabeza
Y eran dos espectros depositándose diamantes en el fondo,
Vertebrando la combustión
Él atornillándole otros espectros al sexo de ella
Ella haciéndole la señal de la bruma sobre el cuerpo
Ella llena de zarpazos en los pechos y en los muslos,
Aún con las aspas insatisfechas
Él con la nostalgia de un sacrificio único.
Las paredes cada vez más altas, ellos intentando subir
Intentando llevarle unos ojos, un aullido, una luz azul al dios atado
Y en eso se les va la vida como en el anclaje incognoscible
Que hay en cada rincón de la casa.
Día y noche todos somos controlados por trizaduras
Aunque los muertos fecunden nuestra embriaguez
Así: día y noche todos somos controlados por trizaduras.
Él esperando que el canto de los pájaros sangre por ella
Para volver a verla intacta caminar por la habitación,
Escribir un diario de vida bajo el limonero
Ella esperando que la sangre de él la arrastre
Hasta dejarla sola frente al enigma
Unos caracoles, unas hojas desteñidas en el patio
Algún día seremos dueños de la caída.

Rodrigo Verdugo Pizarro -Chile-
Publicado en la revista Archivos del Sur

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