Cuando yo era pequeño, mis padres me llevaban casi todos los domingos al zoológico, porque era adonde a mí más me gustaba ir: lo que ellos no sabían era que yo no iba a ver a los animales, sino a las personas que estaban viendo a los animales. Y, aquí entre nos, era la cosa más divertida que te puedes imaginar. Uno de los mejores espectáculos del mundo sería un zoológico de gente, un lugar donde uno tuviera la ocasión de ver, con su letrero en la parte de afuera de la jaula, a un envidioso, a un santo, a un mentiroso o a una loca. Aunque para eso está la calle, pero no es lo mismo. En la calle, como a primera vista casi todo el mundo es más o menos igual, es fácil disimular y cualquiera se confunde. Con decirte que hay personas que vienen de matar a otras y parece, por la cara que traen, que vinieran de oír misa y comulgar. Y es que así somos los seres humanos: traicioneros a más no poder y unos actores y actrices de primera, cuando nos lo proponemos.
Del libro LA COMEDIA URBANA de
ARMANDO JOSÉ SEQUERA
Primer Premio Bienal Literaria “Mariano Picón Salas” Mención Narrativa “Salvador Garmendia”, Mérida, Estado Mérida 2001
Publicado en Los Libros de las Gaviotas
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