martes, 24 de diciembre de 2013

BABEAN


Babean como crías
abandonadas a su suerte,
como murciélagos sin ojos ni radares
ansiosos de sangre vieja.

Les ciega la verdad
que se les atragantó en la laringe,
la usura
de las palabras con magia,
la razón
de los paños que no hieren el silencio
oscuro de los recuerdos.

Ya no lloran
dádivas de besos y flores:
vergüenzas del corazón sombrío
que busca el hedor de la revancha
en la negritud del discurso.

Acaso
destilaciones de pus
para reconfortar el alma aburrida
de tantas lisonjas y tules
con las que se mienten de continuo.
Babean como mandrágoras sin hijos...

Luis E. Prieto
Publicado en el blog escribidor

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