El escalofrío, gateando por la espalda,
con los dedos aferrándote a la piel.
Un accidente, tus manos rozando mis articulaciones,
los labios, recorriendo cada una de mis alabeos.
A oscuras la respiración,
sin temor, se duerme en el ombligo, despierta en el fondo de mi alma.
Suavemente tus dientes mordisquean mi cuello,
transformándose en dulces besos.
Dos lunas brillantes se agitan y aceleran mi respiración.
El impulso recorriendo cada centímetro del elemento,
buscando atajos… Atravesar con la brújula la rosa cada amanecer
Navegar por los fluidos que se deslizan,
cual cataratas,
esperando ser prisioneros por mis besos
MARÍA ISABEL BUGNON
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