Oh la melancolía de los puentes
-su piel de otoño y su crujir de huesos-,
un discurrir de soles por torrentes
hasta quedar en un silencio presos;
un corazón que duerme en embelesos
de libélula y alas relucientes
-dos novios que se están comiendo a besos-
entre el temblor de labios de las fuentes.
Oh la luz, para el ojo que la espía,
mariposa que vuela atribulada
entre las flores secas de este día
-sus pétalos de almendro, estambre y hadas-.
La luz que cría larvas y se enfría:
¡flotan entre las hojas olvidadas!
Antonio Ramos Olmo. ESPAÑA.
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