“Dadme el verso pulido en alabastro,
que rígido y exangüe como el ciego
mire sin ojos para ver: un astro
de blanda luz cual cinerario fuego:”
-Guillermo Valencia-
¡Oh tú, la tierra promisoria y bella!
de tu vendimia dame los racimos
y déjame escanciar ansiosa el cáliz
de tu vino embriagante y solferino.
En febriciente y fraternal unión
quiero hoy brindar con todos mis hermanos:
los que en ferviente valentía también,
abandonaron con pesar sus lares.
¡Cual golondrina que en invierno emigra
dejando atrás amores y vivencias,
trayendo una maleta de esperanzas,
nostálgicos partimos a este rumbo!
¡Hacia este Levittown de mis amores
(llamado con razón “El corazón
de la vida en Long Island”), tú y yo
emigramos a hacer nido en sus pinos!
En esta Arcadia de brazos abiertos,
ya superado el desarraigo patrio,
aprendimos a ver en sus senderos
un reguero de luces y de flores …
Yo, con ojos de asombro, ví la luna,
el sol y las estrellas en el mismo
domo celeste de esta amada tierra.
Felice entonces fui al comprender,
que el mismo cielo que aquí me arrullaba,
y el horizonte en el confín lejano,
y en el ámbito el aire itinerante,
¡abrigaban también a MI COLOMBIA!
Poema del libro “Horas Iluminadas” de Leonora Acuña de Marmolejo
No hay comentarios:
Publicar un comentario