AQUELLOS DÍAS
Había días
de dicha infinita,
de dicha casi irreal.
Había enredaderas
con flores
y otras sin hojas,
desnudas...
El sol salía
y más tarde
por la tarde,
se ponía.
Así era el mundo,
repleto de sencillez.
¡!Y tan importánte
a la vez...!
Algunas veces.
¡No muchas!
no te apetece
escribir.
¡Es imposible!
Y sólo el viento,
sabe de tu ánimo
y de tus sentimientos.
Ese poema bello
que nunca fue...
Se diluye por ahí,
entre atardeceres,
amanecres,
lluvias de invierno
e inicio de primavera.
Enredándose a veces,
entre los primeros
almendros floridos,
o las primeras mimosas.
Esperando las lilas
fragantes y dulces
que alguién cortó
en un poema...
¡Qué nunca fue...!
Escrito, plasmado,
recitado o conversado.
¡Pero que fue bello!
¡Bellísimo!
Y que mucha gente,
sintió,comprendió
y tal vez recitó.
El viento ,jugo con él.
Hasta que ...
Hasta que ese viento,
fue un poema
sobre el mar.
Que alguién un día,
me regaló...
Entre dulces lilas
y maravillosos sueños
de juventud.
Esa juventud tan sencilla
y tan compleja.
Había días
de dicha infinita.
MARCOS
Salvaré mis días
de total felicidad
con el marco
ajado del recuerdo
bajo el cristal
de la felicidad.
Envejecerán las cosas
los marcos de plata
y las fotos de la repisa
pero los días
que fueron pasando
y nos regalaron
aquella dicha
que todos recordamos
brillarán con luz,
cada día más intensa.
Y nos acogerán
en sus rayos cegadores
para iluminarnos el camino
que nos queda,
aún por recorrer
desde esos marcos,
ajados del recuerdo
la fuerza llega
a nuestras vidas,
silenciosa y discreta.
NADA MÁS
No es volar,
no es huir.
¡Es soñar!
Con aquello
que no está.
¡Nada más!
Y se siente,
cerca...
Y te sientes,
inmerso.
En la felicidad
¡Nada más!
AQUEL INSTANTE
Solo un sueño.
¡Pero fue tan bello!.
Duró poco
pero tan intenso
que al cerrar los ojos
los años caen
y aquel instante,
sigue ahí.
Tan potente
como antaño.
Con tanta fuerza
que abro los ojos
y sigue ....
inexplicablemente,
junto a mí.
BALCONES
Serán los balcones
al acercarse
la estación florida
cursi y femenina
de lilas mimosas
y jazmines...
Pero también
la estación
de la fuerza indomable,
de los atardeceres
y amaneceres
de colores imposibles
y aromas inexplicables.
Ya se va acercando.
Timidamente,
va reverdeciendo todo,
incluso el hierro
de los viejos balcones
por donde tímidos
asoman geranios
en busca del sol
que algunas mañanas
sin cobrar nada
nos regala febrero.
MARÍA LUISA HERAS VÁZQUEZ
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