Para usted:
Como le dije que lo quería y que le escribiría, jamás suelo olvidar, y olvidarle, me tomo el tiempo, nunca fallo, tres, dos, un día, ¿haber reflexionado y encontrado las palabras para entregarles mi locura? y no puede ser de otra forma, a como soy: Demostrándoselo con cariño, y aquí estoy.
Estuve pensando por lo que en la familia cercana pueda estar pasando, por lo que estarán sufriendo algunos, también yo a penas en unos días perdí a un primo, uno más grande que yo, -mas afortunado él por haber llegado a tan preciada edad-, y espero, como asimismo me espero, que pronto vuelvan a sonreír aunque lo que más reconozco, es la alegría, su entusiasmo a seguir.
Aquí donde estoy, estoy que no puedo, no he vuelto a caminar como lo hacía antes, traigo dolores, las rodillas están enojadas, ahora me he vuelto un niño, ¿y las gelatinas? en la nevera están.
Allá donde viven, se presentan quizá en la misma circunstancia, mas no sé si su gusto sea por caminar en las tardes o, a sacar a sus ojos a explorar.
Por las mañanas después del desayuno, pasado las horas, me viene algo distinto, han llegado a mí, achaques, unos dolores de cabeza pero no fuertes ni preocupantes ni he de morir de eso, [hasta ahora]. No sé a que se deba, ya estoy pasado de años, ¿será el encierro? o las cartas qué, "como cartero no he podido leer", ¿apoco hace éso?
He vuelto a mis costumbres, aunque estoy en ciudad, siempre la tierra me llama.
El otro día compré un papayo maduro, así se le conoce en mi rancho, ¡a la fruta ya madura! no es que haya comprado al árbol ni que lo pusieran en mi espalda y luego a cargar, después llamandome, para cargar, señor cargador.
Lo partí, y lo disfruté sentado en la sala, a pedacitos, uno a uno, y si hubieras estado, yo te quisiera, y dado, de dar, una mitad; había en algunos, cascara, y eso me desagrada, hasta volver a la mesa, en la cocina, y seguir, sin parar, pero fijándome que no le llevara (ya les dije qué).
Al término de esto, guardé la semillas en un papel y las dejé que secaran por varios soles, cinco días tardé...
Las planté en tierra que a mi parecer no era tan fértil, pero hubo sorpresa, ya tengo la huerta: Tres árboles poco a poco van creciendo, todas las tardes reciben el agua, [y tendrán la fruta en sus manos], cómo es el amor, pronto, se dá de pronto, y como también quisiera regalar... me es dichoso ser así, eso quisiera que provocara, vamos, el entusiasmo llama a seguir.
Y sé que en estos tiempos nadie recibe una carta, no por eso dejo de escribir y tengo por montones; y la dejo aquí, luego me atrevo, y la entregó allá.
Y aunque
ahora soy cartero
y me olvido de dolores por dentro,
de amores, desamores,
enredos, mensajes (ocultos o expuestos),
mitotes, desamarres, brujería y demás...
[eso creé usted].
Ahora quise
ser un mensajero
¡quién te pueda tocar!
y aun no me llegases a ver...
... estuve aquí,
la carta, en tu puerta
te toqué, la dejé y un sueño me llevé, y no solo, no te encontré, me alejé no sin antes un papayo que entregué, te lo guardé con cariño, con periódico, como se guarda el amor, como se guarda todo, como en mi niñez y en mis más ansias de ser, cómo está ahora, envuelta hoy en letras, ¡mi niñez!
Reyvik -México-
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