El huerto hermoso y aquel rosal
que con tu mano alcanzabas desde tu casa;
de aquella casita de teja vana,
aquella viejecita que allí moraba,
mientras lavaba, mientras cosía.
Vidas pasadas con sus encantos
con alegrías y desencuentros,
y tan extraordinarios y largos cuentos,
de aquelarres, hechizos y brebajes.
Y los geranios junto a las rosas
barbechos, huerto y jardín
y ante la puerta;
los arriates que regabas desde el sanjuán;
y por el campo las amapolas,
aquellas entrada de bellas lozas
de arte nipón.
Junto a los loros de vieja razas
en aquel viejo cuadro, aquel Don Juan;
Nepomuceno, que en aquella casa
era su patrón.
¡Ah, adorada viejita que me contabas
cuentos de hadas y encantamientos...!
No todo lo olvidé, no todo ha muerto;
te llevo en mi alma, a ti y a tu huerto,
a tu cariño, sus naranjas y sus pensamientos...
RAFAEL CHACÓN MARTEL
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