Aferré la mano en aqueste acero
si de mi boca nace el desconsuelo
por una falta, que aún siendo mía
es a vos, a quien humilla,
ya que el corazón, no ha dueño
e, a quien lo encierra, también castiga.
E desenvaine el postrero beso
que atraviese con el ferro el pecho
e tome a quien, en mí, palpita,
si no tengo amor, vivir no es vida,
si de mi vida, vos gozais su arriendo
y sin ceder en su amor, así me castiga.
Mas, no dé el amor por forzado
e tampoco por regalado
ni es derecho de conquista,
no deseo una boca sumisa
que calcule mis honorarios
ni las veces que es solícita.
Quiero... ¡ay Dios!, ¿si lo supiera?
siquiera eso sé... siquiera
sé, si quiero, algo
que sea recompensa e non sea pago,
a la par, realidad e quimera,
un remanso de paz en aquesta guerra
e... que non sea sucedáneo
de los sueños que he soñado,
que seais mala, e también seais buena.
Luis Maria Saiz Laso
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