Si alguna vez fui fuego en tus brazos
lo escondí en los témpanos de nieve
como lumbre solitaria
ocultándome en la luna.
En tu talle escribí sólo tu nombre,
en las hojas de los árboles
la reclusa noche de otro vino
desde el puente los suspiros.
Trascendido de colores van tus besos
en la concupiscencia secreta
como deuda del amante,
el certero apunte de sus cauces
es la suma de tus aguas
la agonía de otra sombra.
Es Barranco en sus tardes
la heredad perfectible del ocaso,
es tu cuerpo devastado sin razón
abrazándome sin tregua,
fulminándome en tu pecho
sin aliento casi dormida.
Son la flores barranquinas
salpicadas de glamur
en los mares de crepúsculos dormidos
y solo hallé el silencio en el beso de su boca.
Si alguna vez fui volcán
en la contienda de huidas
visitándome la fiera del deseo
en el paso de los vientos,
fue la noche de Barranco
fue la plana endulzada del mozuelo
fue la libertad en el edén
fue la gloria incendiada
en la fiebre de tus manos.
Silvia Ortiz
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