martes, 11 de abril de 2017
INGRATA DEBILIDAD
Prohibí sentirte, cerré la puerta del recuerdo con cerrojo de indiferencia, atranque las ventanas de los pensamientos desde adentro, pero se olvidó detener a los deseos, escaparon delinquiendo, robaron la cordura, se agitó la locura, y brotaron como lirios los besos recordados, prohibí besar tus labios y termine bebiendo hasta tus ganas.
Prohibí caer en la trampa de tus brazos y confesé con tal de ser condenado en la cárcel de sus lazos, amarrado a la piel que castigaba con placer desbordado, sentencia que se cumplía con agrado, libertad de respirar aromas de gritos rebeldes.
Prohibimos enamorarnos, y despertamos amándonos, ¿sentencia, o absolución? Dijeron las lágrimas pidiéndote, y las sonrisas deseándote, y el suspiro golpeó a la curiosidad por ingenua, el río del romance se desbordó y no hubo fuerza que lo detuviera derribando puertas y ventanas, ingrata debilidad, lo que se prohibió, fue lo que más se amó.
Luis Emilio Tiguila Robles
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