Cada mañana que amanece
me despido del día,
pues a la tarde
no podré llegar
o no veré como se levanta la Luna.
Cuando abro los ojos,
levantar la persiana
y abrir la ventana
me hacen sentir
que aún existo.
Cuando en la oscuridad despierto
y desconozco si el alba
ya se lavó la cara,
¡tiemblo! ,
porque no sé
si ya no estoy conmigo mismo
o subí al otro espacio
que espera acogerme,
y entonces es
cuando deseo escuchar
al mirlo de mi despertar.
Javier Sebastian García De Castro Fdez-Monge
No hay comentarios:
Publicar un comentario