Solo el diablo puede cocinar el veneno
que ingiero entre tus labios,
soy peregrino en ese infierno
y no me arrepiento de haber pecado,
ni he querido ganarme el cielo...
ni quiero ser perdonado.
Me he arrodillado en tu iglesia
y ésta... al fin, me ha castigado
desconsolado a la penitencia
de tu perverso corazón desencadenado,
no me he saciado en tu sentencia
es tu indiferencia, mi fracaso,
así, me he perturbado en tus ofrendas
y en tu promesa... me he desatado.
Se está burlando el demonio
de lo poco que he logrado
en esos lapsos de alborozo
en el horno de tus brazos...
no soy honrado... lo reconozco
porque en tus votos... lo he engañado
y he engendrado ante su asombro
todo aquello que has pagado.
Y el remanso, en que estoy muriendo
tras esos encuentros atormentados
me tiene abandonado a tus vientos
y deja mi nave al pairo
en un lago... tierra adentro
pleno de besos envenenados.
Luis Maria Saiz Laso
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