martes, 7 de marzo de 2017
UN TRAMO EN EL INFINITO
En mi memoria, ha quedado para siempre
la imagen de una casa muy oscura y pobre
que mi fantasía construyó para situar a aquella familia de mujeres
de la que me hablaba una de ellas buscando en mí
una compañía y solidaridad que no me sentía capaz de darle
porque no encontré libertad ni belleza en ella,
una muchacha que estudiaba Medicina,
una niña pequeña, enferma en la cama
y una madre en los cuarenta, recién separada,
con un tumor cerebral, que al día siguiente iba a ir al médico
a causa de un bulto que había salido en su pecho,
era funcionaria y había querido hablarme de economía agraria
creyendo que por haber sido agricultor, encontraba algún interés
en un tema tan seco después de una vida de tanta soledad
huyendo del tedioso y amargo frío de mis semejantes,
solo cuando más humilde, me habló de sus agonías, encontró
más abierto mi corazón
pero volvió a decepcionarme cuando mostró
un afán desproporcionado en mantenerme atado a ella,
no pude darle ese amor que iba buscando,
nada me unía a aquella alma tan vieja y tan cautiva de las cosas
pero su memoria siempre me trae el desasosiego
de la culpa y la impotencia que se sienten
cuando lo feo nos pide afecto.
Luis Rafael García Lorente
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