Nace un ser humano.
Reposa en manos de su
madre, con seguridad y
salud.
Se miran a los ojos,
él agradecido, ella plena de
gozo.
Luego aclara,
déjenme crecer tal como soy,
no me repriman ni coarten,
ya sé lo que me ha sido legado,
y puedo también aprender.
Sé observar y deducir,
pero lo hago con mis sentidos,
para encontrar el buen camino,
que preserve también mi libertad, mi
manera de ser individual.
La comunidad está insertada en mí,
sé que nadie vive en el vacío,
pero ante todo soy yo mismo, debo
primero crecer hacia adentro,
conocer y aceptar quién soy.
Gracias madre por entender,
gracias comunidad por aceptar.
Un nuevo ser en libertad.
Josef Carel
Publicado en Literarte 92
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