La que se quedó allí
en las puertas de tus ojos...
y mis ojos...
La que nunca corrió
por las calles de nuestros rostros.
Aquella que con su sal
no pudo endulzar mis labios,
y que de imposible,
se llevó tus besos
hacia un olvido forzado.
Por la que la noche duerme
ya sin lluvias ni estrellas...
Por la que el día amanece atemperante
y las rosas despiertan sin rocío,
secas de silencios...
Aquella que nunca pudo
enjugarse en pañuelos de perdón,
porque, igual que ella,
-así de irreal y severa-
el perdón jamás llegó.
Como aquellas nubes que se formaban en torno
anunciando, inclementes, tu partida...
y mi desamor....
Por aquella, la que vaga por el tiempo,
la única lágrima
que jamás cayó.
STELLA MARIS MIGLIORINO
Publicado en Gaceta virtual 120
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