miércoles, 8 de marzo de 2017

AUSENCIA DE GUARINA RODRÍGUEZ


Llueve con tristeza sobre las cuatro de la tarde.
Llueve sobre el hueco que debió
ilustrar tu cuerpo de palisandro, inaprehensible,
donde terminaran mis manos a horcajadas.
Llueve rápido, ruidoso, con sentimiento de ruinas.
Llueve aquí en mi corazón trapecista,
porque tu credo se mueve al son de otra basílica,
de otras empobrecidas mareas.
Llueve cal, salitre o arena ante tu indefensión
de ultramar, el ferryboat guarda en tus ojos
un arcoiris taciturno, de gelatina, bueno y válido
para el próximo escalofrío, Dios no me deja mentir.
Llueve y duermes con mucho feeling, de ahí ahí,
entre los pliegues de tus sábanas acalambradas
(Las sábanas que guardan las miserias
babosas del último inquilino).
Llueve muy hondo, con frecuencia modulada,
una minuta del verano en tus muslos, en tus caderas.
Llueve un sarampión de agujas ebrias,
imantadas, paralelo a tu sueño deshecho
en cama de tormenta. Llueve de abajo
hacia arriba hasta cubrir tu nombre,
hasta borrarlo. Llueve a cantaros entre los hilos
del contestador telefónico, digo el silencio
la censura, la telaraña. Llueve con mala fe,
con mala leche. Llueve a intervalos nones
sobre una cadena de ceros tautológicos
en el mar de tu angustia sin fin. Llueve a tono
con tu miedo de lagartija de ojos saltones,
saltarines, sal si puedes. Llueve lujuria, delirio,
frenesí: esto da sexo por todas partes, al fondo
abultado de unos imperturbables blue jeans.
Llueve en primera persona, en voz baja,
sin límites ni comentarios marginales. Visto
y comprobado el caso, llueve contra tus senos
meditabundos, huraños y convincentes,
que huyen bajo una blusa de pecados mortales.
Llueve ausencia contra el reloj
de arterias imperfectas.
Llueve con prosapia de Caribe aborigen.

Alexis Gómez-Rosa - República Dominicana-
Publicado en Periódico de poesía 96

No hay comentarios:

Publicar un comentario