Aquel niño lloraba, lloraba,
estaba solo, rodeado de cascotes,
de gente, que deambulaba
sin rumbo fijo, perdida la mirada.
Aquel niño a sus padres buscaba.
No los veía desde que el suelo
empezó a temblar y las casas
se derrumbaron sobre los vecinos.
Él estaba en la calle jugando
con unos amigos cuando
la nieve de la montaña
se desprendió y cayó.
Visión dantesca que poco a poco
se fue repitiendo a cada paso.
Donde se alzaban las casas
montón de escombros.
Dolor, desesperación, llanto,
impotencia, solidaridad,
y mucha tristeza y mucha ruina
y un no saber que pasará mañana.
JOSÉ LUIS RUBIO
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