Ni el tiempo, ni el espacio,
disgregaron las memorias.
Por el contrario,
fusionaron tu siniestro modelo
a mis pupilas.
Refractando mi realidad,
integrándome a tu ausencia.
Causa unívoca
de la tercera ley de Newton.
Efecto derivado
de la centrífuga de tus risos,
análogo a la centrípeta de tu carmesí.
Lanzamiento parabólico
de mi conciencia retraída.
Gravitando en rededor,
del recuerdo
de tus lunares.
Inercia de una entrega total
ante un amor sin equivalencia.
ERIC URÍAS
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