domingo, 6 de septiembre de 2015
CRISTALES SUCIOS
Llueve, tras el cristal se dibujan
pequeñas y minúsculas huellas de
su translúcido color dejando huellas
casi intangibles.
Aún no acabó el verano.
Llueve y a veces esas gotas pequeñas
se adentran en mi corazón recordando…
recordando una niñez preñada de juegos
de niños que corrían por las calles
empedradas y embarradas,
llenando con sus risas y alborotos cada
rincón del lugar y de algunas miradas
vacías de ilusiones.
Llueve, y la cancioncilla resuena en
mi mente como los pajarillos que cantaban
al son de la música celestial de voces
de la chiquillería inocente.
¡cuántos recuerdos anudados a mi garganta!
¡Cuánta madre aguardando la carta que llegará!
¡vamos hijo que es la hora de cenar, que son las
nueve y es hora de recogerse ya!
¡Lava esas manos en el cubo del pozo
siéntate a la mesa ya, tu padre ya está sentado;
no le hagamos esperar…!
Llueve, sí, llueve cómo siempre mojando
calles, hoy de asfalto, el agua descarga
su furia a veces, cruel y despiadada,
otras con sorprendida templanza y tranquilidad.
Sin embargo ya no escucho a la chiquillería.
Ni veo o escucho a las vecinas canturrear.
Ni el cartero vocea a lo lejos,
Nada tiene ese olor a puchero ni a hogar.
Todo se desvanece tras una pantalla
de diferente tamaño y grosor.
Ya no existen lapiceros de colores en mi
estuche de madera, ni sacapuntas, ni borrador.
Todo quedó en mi mente, en mi alma;
esa, nunca cambió.
Llueve, llueve tras la ventana que ensucia
los cristales de miradas de miedo y de duda,
de noches llenas de temor mirando
al fondo del horizonte cómo se oculta
de nuevo, temeroso, también el sol.
Juani CamCor
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