Anoche, extrañamente me pareció ver que la luna lloraba, yo quise consolarla..., saber que era aquello que tanto la apenaba. Pero ella; hermosa e inalcanzable, desde las alturas tan sólo me miraba. Yo no podía dejar de observarla, y con esa dolorosa imagen, ya vencido por la noche me quedé dormido. Como si ella supiese de mi preocupación, a mi sueño vino y entre sollozos me contó de su desilusión. Me dijo que desde mucho antes ella permanece justo donde está, que testigo ha sido de numerosas promesas que hacen a las damas los amantes cuando las tratan de conquistar, prometen bajarla para ellas, la prometen de entre el cielo y las estrellas y de entre todo lo demás. Me dijo que su llanto obedece a que aunque ella quisiera, jamás podria bajar de ese cielo al que pertenece, pues ese es su lugar, pero que hay algo que puede dejar como promesa, y es que siempre estará al alcance de las miradas y de las letras para tanta musa enamorada..., ¡Enamorada de los poetas!.
Miguel Angel Cavazos
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