Sé que me aguardan grandes momentos de soledad
me preparo para no sentir miedo al silencio
y que la inercia no acabe por atormentarme.
Llenaré el espacio con la voz de un cantante
iré de una a otra habitación
llenándolas de diferentes músicas
para evitar que no aparezca el verdugo.
Para entonces ya habré leído todos los libros
no tendré espacio para aceptar nuevos autores
y yo pareceré una montañita derrumbada.
Cuando eso ocurra
hasta los libros me habrán abandonado
las ventanas estarán tapiadas por armarios enormes
que como centinelas
no dejarán pasar la claridad.
Ya no pondré flores en el búcaro rojo que debí regalar
a cualquier principiante con futuro.
Es muy probable que la gata haya muerto
que todavía le ponga su comida en el lugar de siempre
quizás hasta siga conversando con ella
pero sin su mirada de aprobación al leerle un poema
o su maullido para que le abra la cortina.
Vendrá la soledad
cuando me haya quedado sin recuerdos
y el silencio imponga su presencia.
Si pudiera cortar de un tajo la memoria
no tendría que soportar su peso… que me hunde.
Manuel A. López
Publicado en la revista Arique 49-50
No hay comentarios:
Publicar un comentario