No me colgué del péndulo falsario
con que el ego trafica su prestancia
La misma candidez con que la infancia
se adosa a un corazón de abecedario;
fui andando, flaco vate, presidiario
del verbo erupcionando en la fragancia
y lo llevo conmigo, en cada instancia
que late con mi canto solidario;
de pronto, navegando en el Ontario,
me elevo como un bardo solitario
que llena las besanas con mi nota
y enciendo la farola reluciente.
¡De allí parte mi canto hasta tu frente!
¡Y retorna en el beso que me agota!
Del libro Colisiones asonantes de
RODOLFO LEIRO
Publicado en la revista Nevando en la Guinea 38
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