domingo, 9 de febrero de 2014

LA MEMORIA RESBALA COMO UNA BABOSA DE LUZ


Soy un monstruo de cabeza oscura
y cola iluminada.
Andreu Navarra “Vida”

Las flores se escapan de la mazmorra noctámbula, con sus cuerpos mudos rellenos de viento, atragantando a los cometas que crujen con el humo y se clausuran en la lumbre. Brasa confinada en su madriguera. Viento encerrado en la pluma, guarida del universo.

Aún gritando estrellas, sólo son mis ojos detrás de mis ojos. Cabalgo la víscera doliente del astro, amazona de éter. Invariablemente, a punto de derramarme, cruzo como un barco de pesca, que monta a horcajadas sobre el lomo de un falo, la noche de las lágrimas y las muerdo, las mastico con mi boca llena de agujeros, donde se esconden los minutos y el odio. Completa, se sumerge la gacela  cuando esputa el flujo de sus antepasados.
La memoria resbala, como una babosa de luz, sobre los huesos que son la cena del buitre. Absoluta, la sombra ardiente es un espejo de magma que refleja a los difuntos.

Miro la llama, hasta que mi vista es ya sangre. Odio, para no tener miedo, igual que el alcohol me mastica el hígado. Mis ojos callan y los muertos corren por mis venas empuñando la savia igual que un cuchillo, apuñalando el zumo negro de mi espejismo. El océano espera, con la boca desencajada, a que las tropas de suicidas esnifen su baba. Algunas veces los delfines son testigos, entonces mis vísceras de arena resbalan y paladean el oxígeno para estremecer el semen de mi bodega de carga.

Porque mi carne es de mar, y el mar es el fuego que mastica los sueños.

Del libro inédito La dolorosa partitura del miedo de Cesc Fortuny i Fabré -Barcelona-
Publicado en Un día es un día Ágora

No hay comentarios:

Publicar un comentario