Una noche, cuando ya no exista yo,
como soy, como me sabes mirar.
Una noche, cuando ya no exista yo,
habrá otros que te sepan mirar
como siempre hacía yo.
Y tú perdurarás cuando ya no exista yo,
porque eterna te hice yo, al rezar
en el altar que levanté en mi corazón,
al rezar sin dios como te debo rezar
la oración que en el silencio perduró.
Pasarán errando las maldades,
las caricias, las venturas espinadas.
Arrastrarán su carga los presagios,
serán pausados a tu mirar,
para poderlos tú soñar,
cumplir y seguir soñando.
Vagarán promesas a tu alrededor
para ser tomadas a tu fortuna,
para que las puedas escuchar,
cumplir y seguir escuchando.
Subirán las ganas por tus pies
y recorrer senderos de alta cuna,
para saltar del horizonte a la luna
solo por probarte su fe.
Arrodillarán descabalgados su espada
para abandonarse a ti, sin vacilar,
para abanderar su corazón
con los ojos de su rostro amado.
Y cuando no exista yo
te seguiré escuchando.
Y cuando no exista yo
y me tengas por lejano,
entre tu fortuna y mi razón
habrá tan siquiera un paso,
ese paso que un día yo
no crucé por ser cercano.
Gustavo González -Valladolid-
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