No somos dioses, tampoco centinelas
de la brisa. No estaremos de luto,
ni vencerás las bestias
con los ojos cerrados.
Afuera, otra vez, veo la sangre
como cada diez años. Mi suelo
no pregunta cuánto sacrificio falta,
cuánto tiempo se derrama en las espigas.
Gonzalo Salesky
Publicado en la revista Nevando en la Guinea 38
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