sábado, 8 de febrero de 2014

CAMPO DEL OLVIDO


Hay que amasar
el pan de mañana,
con la harina blanca
escanciada del trigo,
como un océano rubio,
que recogieron ayer.
Con el levitar
de la siembra semillera
al salir fértil al aire
de los rudos nidos,
las manos germinales
que azuzan al viento
tras la línea abierta
del testaduro arado,
mil veces afilado,
del tractor campesino.

Los tiempos
habrán cambiado,
pero el sudor
siempre es del mismo.

Solo hay que pasear
por las calles
tristes de pisadas
y solitarias
de los pueblos,
que una vez
y muerto
el último anciano
van quedando
mudos y vacíos.
El llorar permanente
de los muros,
el lamento
desconchado
de las paredes,
las risas fantasmagóricas
de los niños.

Las ventanas
con las traviesas
de madera,
de parte a parte,
crucificadas.
Hoy son esqueleto
muerto de recuerdos.
Ruinas olvidadas
perdidas para la vida
serán mañana.
Tierra recuperada
a la misma tierra,
al barro original,
pasado mañana.

Lo dicho,los tiempos
habrán cambiado, dicen,
pero los que abandonan
sus arraigadas raices
son siempre los mismos.

Si los campos
abandonados hablaran,
si hablaran los almendros
los algarrobos,los olivos,
los surcos que antaño
estaban limpios
y repeinados
Si hablararan
los mangos de las azadas,
las azadas mismas,
las enredadas zarzas,
que volvieron
a recuperar
el espacio deshauciado
de los caminos.
¡Si supieran hablar!

Nos contarían
el penar grabado
en la memoria,
de los jóvenes,
dolor emigrante,
al guardarse
un puñado de tierra
en el bolsillo.
El dolor de la madre
ante una silla vacía
en la mesa,
la soledad seria
y la comprensión
rabiosa en pena
e impotente del padre.

Miguel Rubio

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