sábado, 21 de diciembre de 2013

MIS SEIS VIDAS


Mi primera vida
bajó de un árbol
y como buscando el cielo
anduvo erguida
sólo con los dos pies.
Cambió de pensamientos
y perdió el pánico
a todo lo oscuro,
a la pesadilla de la noche
con la doma del fuego.
Vida nómada,
vida cazadora,
sobrevivir hechicero.
Caverna acogedora
y pincel rupestre.

La segunda vez
que me rozó el viento
y me espiaron
las estrellas.
Me convertí
en rey de los animales,
autonombrado,
mi corona se forjó en metal
a martillazos
de hierro.
Vida de arado
y anclarse en el suelo.
Vida de nueva semilla
y fruto temporero.

La tercera vez
que volví del limbo
recogiendo el sonajero
y respiré aire,
conocí las sombra
chata de la Esfinge
y la afilada en punta
de las pirámides.
Fui estela de mar,
traductor de firmamentos,
filósofo y esclavo,
me nombré dios verdadero
en un arrebato
de soberbia
y poderío ciego.

Mi cuarta vida,
tiene la marca
de un cantero.
Piedra sillar de catedral
fortaleza y palacio.
De servidumbre esclava
y las guerras
entre los dioses
que antes inventamos.
Para la pernada del noble
joven y villana carne,
leña para las santas hogueras,
nuestros surcos en los océanos
ya estaban llenos de sangre

Mi vida quinta,
fue una ilusión de esperanza
de sueños de igualdad
de justa justicia.
Pero con las nuevas ideas,
manejadas por la misma
mano y parecida espada.
Labriega de semillas nuevas,
de primaveras verdes,
que brotaban libertarias,
en los rincones,
todavía fértiles,
que no arrasaban
las guerras infinitas.
Los dioses volvieron
a sus cementerios
y los hombres
a sus tiranías.

Ahora, estoy en la sexta,
mi media docena de vidas.
Nací en blanco y negro,
luché por pintar colores
y convertir en verdades
todas las mentiras.
Creí, iluso de mí,
que por fin todo había
cambiado.
Infeliz engañado.
Las mismas
banderas ondeando
de todas las vidas.
Los mismos exterminios,
los mismos mártires
de los reencarnados dioses
y sus ansias genocidas.
Los mismos cuentos,
la eterna ley del poderoso,
el mismo miedo a todo,
la misma esclavitud,
la misma indignidad
y al final, el mismo sueño roto.

MIGUEL RUBIO -Valencia-

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