Mi pluma corre presurosa
escribiendo mis poemas
llenando en mis hojas
todo lo que siento.
Me inspira el amor
que siento por ti, mi árabe.
Me inspira esta felicidad
que a diario me das.
Me inspira todo lo que
mis ojos pueden vislumbrar.
Las flores coloridas de la
primavera con sus pájaros
libando su néctar.
Y el manto blanco de la nieve
en el frío invierno.
Me inspiran los amaneceres
que llenan de luz la tierra
y más los atardeceres
cuando el sol desciñe sus rayos
en el horizonte marino
tiñiendo sus aguas de color rojizo.
O detrás de los pinos y árboles
del bosque, que los ilumina
con su fuego.
Me inspira la luna
a quien amo tanto
cuando está llena, gigante
redonda y naranja
o cuando nos baña
con sus rayos de plata.
Y es de una belleza especial
cuando a una medialuna se asemeja
rodeada de su séquito de estrellas
que alumbran las noches bellas.
Me inspiran el mar, las montañas
los ríos y sus cascadas.
Los senderos cubiertos de césped
que llevan a las casitas blancas
de los cuentos de hadas.
Me inspiran también
los fantasmas errantes
que vagan por los cementerios.
Los vampiros que seducen
con sus ojos dominantes.
Las brujas montadas en sus escobas
o haciendo hechizos en sus calderos.
Me inspira la muerte
que tiene su profundo misterio.
Las leyendas de duendes
de princesas y sus príncipes
de bosques encantados.
Me inspira la historia antigua
con sus enigmáticos personajes
que algo nos han dejado.
Me inspira todo en este mundo
para volcar en mis hojas.
Porque las escribo desde mi alma
y ahora se que soy una poeta.
Diana Chedel -Argentina-
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