Julia Uceda ofrece el suave manantial que emana en sus versos, cadencia reflexiva, crítica y ternura, desde la luminosa Bética del sur a la Galicia de la melancolía.
“Todo es poco para la masa; aterroriza si no se les causa terror, una vez que se le mente miedo, se la puede despreciar”
Tácito (Anales)
Considero necesario advertid al lector, especialmente si aborda por primera vez la poesía de Julia Uceda, (Sevilla 1925), por lo que sugiero más de una lectura de este libro dada densidad del contenido, pues no resultan poemas fáciles de conformar con una simple lectura. Ya el título del libro: Escrito en la corteza de los árboles es intrigante y emotivo. Con idéntico criterio se puede considerar de importancia a tener en cuenta al abrir el poemario, la escritura a modo de prólogo en la que Julia Uceda expone con transparencia meridiana y análisis crítico, su razón poética y el juicio del compromiso contraído consigo misma ante la sociedad y su tiempo. Una actitud expuesta con visión de legítima defensa en la que expone una personalidad de larga andadura experimental, toda ella envuelta por las distintas etapas de creatividad lírica de sus versos, paralelamente sobre la razón existencial y social asumida ante los azares de la vida misma. Permanente conciencia del saber ser fiel a sus conceptos. “Siempre he creído que el poeta debe dar testimonio de sí mismo, del lugar desde el que hala y de aquello que lo define”
Julia Uceda publicó su primer libro de poemas en 1959 discurriendo desde aquel inicio una rica y rigurosa creatividad que continua en la actualidad. Todo un largo recorrido, pasión y gozo, no ambición, por ser constancia representativa y reconocimiento de su poesía, comprensión de representar una de las voces vivas de la generación de los cincuenta. Con esta nueva entrega de tan subjetivo título, se puede leer y sentir los ecos de un pasado profundo su sólida actitud ética y social, dolencia que permanece en el presente. Ella dejó Sevilla, su ciudad, por imperativa convicción, posiblemente no ajena de la sociedad ambiental e ideológica de la ciudad enferma, de aquellos años cincuenta que dominaba toda la Bética con el fervor mariano conservador. América fue su primer salto:” Es desde una luz, / un silencio, una rima / lejano dice Luois Singer, the poet, / cuando la almendra / vigila los caminos por los que llegan recuerdos, (digámoslo así), / en pisadas lentas, sedosas, / húmedas en verdes de tiempos pasados” Irlanda le presta una luz distinta, luego saltaría a Norteamérica para tras años de profesorado de amplitud tanto intimista como creadora se acerca a la poesía social
Regresa a España tras una larga y fructífera periodo de experiencias, decidiendo asentar su vida y residencia en Galicia, tierra de calma que asume como segunda patria chica distinta a la lejana, geográficamente, Sevilla: “Le acompaña el dios de la frontera / aunque no tenga ninguna que cruzar y se haya olvidado de / quienes las vigilan” Porque la historia de su propia vida, las circunstancias de haber vivido bajo la vigilancia de una dictadura, manteniendo una dignidad desde el compromiso con ella misma en el espacio ilimitado de la cultura de la creatividad. El difícil saber estar durante esa larga noche negra de la incultura premeditada de un régimen difícil de poder ser olvidado ya convertido en recuerdo permanente, que ahora viene asomando las orejas: “Nuestra generación -leemos- no fue capaz, por circunstancias obvias, de advertir ni desenredar eficazmente los hilos espesos que la enredaron y confundieron. De ahí que la literatura que la representa ahora nos parezca débil y vacilante a la hora de demostrar la tímida honradez que algunos mantuvieron y, sobre todo, la reacción libre y personal de algunos ante determinados hechos de la historia que vivían” El poder es quien señalizaba los caminos, siempre vigilados, por los que era posible la andadura vigilada siempre rondada. Significaba lo más desabrido para mantener la compostura, esto que hoy se conoce con el eufemismo de “políticamente incorrecto”. Luego “incorrecto fue el pensar de Julia Uceda, junto otros compañeros de generación, sentir y crear de forma distinta al dictado del poder establecido, ética y estética, como principio intelectual a la vez que asociativo en el ámbito de las libertades. Puesto que en el campo poético Julia Uceda tiene muy claro el significado, la separación entre versificadores y poetas de lo que “es oficio más complejo”, exigencia y vigilancia de sí misma en el deber creativo: “Mis secretos me muestran. Son mi único hogar / Mi punto azul en el espacio. Me lleva de la mano / la música oída, / reúne / los trozos esparcidos del viejo paraíso / que nunca pudimos ver, que no seremos nunca, / del que no escaparemos. Me lleva /
al silencio de música: y allí todos”
Su estado poético resulta siempre sorprendente, diferente a lo que se puede esperar, lejana de la poesía bien elaborada, anodina, sus versos mejor que acariciar conmueven, invitan a polemizar y meditar. Gozo contenido en el rincón de la meditación: “El hueco desolado de las casas vacías, / donde, lejos, resuenan / fragores de batallas de otro tiempo, / arrastran en el gemido de ruedas de cañones, / o el súbito silencio suspendido / que pende, interminable, de una rama / enganchada en la nueve. Silencio, el / vacío atravesado por fuegos lejanos, / por el lamento que vigila / el ojo adusto de la noche, / por el dolor de los que ignoran / por qué han de morir y por qué ellos / si el heno huele a hogares, a vodka, / a familias”
FRANCISCO VÉLEZ NIETO
Publicado en el periódico Luz de Levante
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