martes, 24 de diciembre de 2013

EL NIÑO QUE NO LE GUSTABA LAVARSE LOS DIENTES


Hace mucho mucho tiempo conocí a una mujer con expresión de pocos amigos, cara larga y triste. Una mujer delgada muy poco sonriente cansada, con su vestido floreado largo hasta la rodilla, pero que dejaba ver la forma de su figura. Su tristeza y cansancio se debía a que ella trabajaba hasta muy tarde para consentir a su hijo.
Ese día ella se levanto muy temprano, se arreglo como de costumbre y levanto a su hijo; el niño de tan solo ocho anos, se tallo los ojos y obedeció a su madre.
Al ver que le niño se levanto y empezó arreglarse ella se fue directo a la cocina a preparar el desayuno.
Mientras tanto, el niño con su melena negruzca, despeinada pero a la vez brillante y gruesa, de cachetes rosados y de cuerpo mas que bien alimentado, se arreglaba para ir a la escuela. - ¡No se que me pasa hoy me siento cachetón! Se dijo el niño mientras se veía al espejo. Al momento de lavarse la cara sintió un pequeño malestar dentro de la boca.
Volteo asustado al espejo, ¡Se miro! Y dijo: -¡Si me pasa algo! “Me duelen los dientes” ¿Qué hago? Siguió asustado.
Arreglándose pensaba, mientras el dolor se hacía cada vez más intenso.
Se puso con cuidado el suéter rojo que le quedaba muy entallado; ya con lágrimas en los ojos bajo a la cocina y se dirigió a la mesa. Sentándose en su lugar de todos los días. - ¡Buenos días! Exclamo la madre. - Hoy solo desayunaremos cereal y una manzana. El niño sin voltearla a ver a los ojos, tomo su plato y se puso a desayunar. Tenia miedo, sabía que si le decía a su madre lo que le pasaba esta se molestaría por engañarla todas las noches al decirle que si se lavaba los dientes.
-Solo llevo dos cucharadas, ya no aguanto el dolor, mis ojos están llorosos y mi boca me punza, me duele. Se decía el niño mientras veía su plato.
- ¡Mama! ¡Mama! Me duele mi boca. - ¿Qué? ¡No me salgas con tus pretextos para no ir a la escuela! - ¡Come se hace tarde! Dijo la madre. - ¡No mama! Contesto el niño. Con lágrimas en los
ojos. La madre asustada, se le acerca al niño - ¿Qué te paso? Te he dicho que te debes lavar los dientes tres veces a día, yo no puedo andar detrás de ti. - ¡Lo siento mama! Ya no recuerdo cuando fue la última vez que me los lave. Respondió el niño.
La mama sin pensarlo lo llevo al dentista a jalones, pues el niño pensaba que el dentista lo lastimaría y reganarían al ver el estado en el que se encontraba su boca. Al cabo de un rato le toco su turno. La madre enojada lo arrastro hasta el dentista y este lo recibió con una sonrisa.
- ¡Que tenemos aquí amiguito! Dos muelas picadas y unas encías inflamadas. - ¿No te has lavado los dientes? Le pregunto el dentista.
- ¡No! ¡No me gusta lavármelos! Respondió el niño.
- A causa de eso tendré que limpiarte la boca, darte algo para desinflamar tus encías y de paso una segunda consulta. - ¡volverás ¡ Cuando tus encías no estén inflamadas y poder sacar esas dos muelas que te molestan. Dijo el dentista.
- ¿Por qué? ¿Si yo ya me lavo los dientes, usted ya no me sacara nada? Pregunto el niño asustado.
_ ¡No! Esas muelas hay que extraerlas; pero no te preocupes que cuando tengas diez anos más o menos te saldrán de nuevo, pero por ahorita andarás molacho por un tiempo. Le respondió el dentista. - ¡Quiero llorar! Exclamo el niño aterrado, el no quería estar molacho.
La madre por el contrario estaba feliz, ella todo el tiempo supo que su hijo no se lavaba los dientes, así que cada que podía se volteaba a otro lado aguantándose la risa.
El niño por el contrario asustado por lo sucedido ese día, aprendió la lección y a partir de ahí todas las noches, tardes y mañanas, se lavaba los dientes, no quería pasar por un susto igual.

María Luisa Coronado Segovia -México-

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