Disfrutar la quietud de las tardes
de la avanzada primavera que aún reina esplendorosa
coronada de rosas y azucenas,
gozar la arboleda que vislumbro
desde mi terraza, ese verdor de pinos
y otras especies que mis ojos traspasa,
el permanente revolotear de pájaros con su constante trinar
dueños de los silencios vespertinos
ámbito propicio de nuestra benéfica siesta,
en mi terraza intimada por una celosía
gozo de todas esas pequeñas cosas
a ratitos leyendo poesía
bien Rimbaud, bien Cavafís, bien Gónzalez
como sorbitos de café cubano,
ensimismarme en los geranios, en los claveles,
quedarme extasiado en las escasas mariposas
que se adentran para posarse en las plantas
resplandecientes y cuidadas por las manos
de mi esposa que dormita
en el sofá de nuestra estancia
invadido por el aroma de la tarde,
a ratitos acercarme y besarla,
como una caricia, un rumor
absorber su tenue hálito
como sorbitos de café cubano.
Del libro La incierta superficie de
FRANCISCO MUÑOZ SOLER
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