A mí, cuando jugamos al amigo secreto el año pasado, me tocó el gafo ese de Freddy. Ay, yo hubiera querido regalarle algo a Christian, prro Christian le tocó a la estúpida de Anita, ¡esa mujer sí es estúpida! Tú sabes que ella no se pinta los labios porque eso y que da cáncer, ni tampoco se echa rímel porque y que le produce bolsas de-bajo de los ojos, ni toma refrescos porque los refrescos y que esterilizan. A mí esa tipa me cae como una piedra, no la soporto, me revuelve los ovarios. Y a esa imbécil y no a otra, a esa mujer que es lo más parecido a un feto que yo he visto, a ella tenía que tocarle Christian en el intercambio de regalos de Navidad. ¿Que qué le regaló...? ¿Qué crees tú? ¡Un libro! Un libro que trataba sobre, no me acuerdo, él me lo mostró. ¿Yo...? Yo le hubiera regalado una caja de preservativos y, cuando se la hubiera entregado, me le hubiera quedado mirando a los ojos así, provocativamente y...! ¡Ay, no, ¿cómo crees tú...? Pero hablando en serio, yo no habría sabido qué regalarle. A un hombre así uno no encuentra qué regalarle. En cambio, al marico de Freddy le compré un encendedor y mira cómo será de gafo que hasta le gustó. Incluso me dijo que cualquier cosa que yo le hubiera dado le habría gustado porque venía de mi mano, ¿puedes creerlo? A mí, en cambio, me fue bien con mi amigo secreto, el señor Domínguez, tan lindo él. Me regaló un frasco grande de ese perfume nuevo que estaban anunciando por la televisión y que él, un día, me escuchó decir que me gustaría tener. Yo espero tener mejor suerte en las próximas navidades y, si no me toca Christian, que me toque al menos Asdrúbal, el de Contabilidad, que ese también está como le da la gana.
Del libro LA COMEDIA URBANA de
ARMANDO JOSÉ SEQUERA
Primer Premio Bienal Literaria “Mariano Picón Salas” Mención Narrativa “Salvador Garmendia”, Mérida, Estado Mérida 2001
Publicado en Los Libros de las Gaviotas
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