jueves, 7 de noviembre de 2013

GRAZALEMA.

Donde el buitre
y el alcornoque.
El desfiladero
y el fresno.
Donde la encina
vigila al alimoche,
centenaria guardiana,
para que no se extinga.
Cuando el quejigo,
juega al escondite
con él mismo,
entre la piedra caliza.
Cuando la roca,
se convierte
en precipicio
y en alto refugio,
de escondidos nidos.
Donde el pinsapo,
es el rey de las laderas
y permanece firme,
desafiante y enraizado.
Anciano que ve pasar,
una procesión de siglos
desde su balcón,
en su trono privilegiado.
Cuando las nubes,
topan con una muralla
hecha de rocas y bosques
e impotentes por cruzarlas,
cargadas de lluvia,
dejan caer su llanto.
Es, la alegría colorida,
para las flores silvestres.
El verde para lo verde
y la sonrisa del arado.
Cuando la vista
del águila, observaba
a un hombre
que recién nacía
y dejó en Grazalema
sus sagradas pinturas,
en las rugosas paredes
de unas primigenias catedrales
como mágicas cavernas.
Donde la nube,
como la niebla,
como el bandolero
que robaba al rico
y vivía libre,
alma torera,
entre los riscos
y barrancos,
los bosques
y las cuevas,
de la Sierra
de Grazalema.
Cuando el Sol
asombrado
se refleja,
entre los verdes,
en el corazón
de sus pueblos
con raíz árabe,
pintados de blanco.
Donde el agua,
cinceló tenaz,
un enramado
de cañones escondidos
y arroyos claros.
Con el torrente,
con el ciervo,
con la llanura
y el pasto.
Donde el corzo,
reta a la cabra montés,
en una loca carrera,
ladera arriba,
buscando saber
quien llega primero,
a la mas alta cima,
buscando el cielo.
Cuando hay ríos,
que fluyen bajo tierra
encerrados
en un laberinto
de soterradas aguas.
Rincones encantados,
en el ancestral
palacio enterrado
de la Cueva de la Gata.
Donde el halcón vigila,
con mirada
sombría y atenta,
el ir y venir
de las ginetas,
los saltarines conejos,
las traviesas nutrias,
o las astutas
y pacientes
comadrejas.
La Fiesta del Corpus,
alma andaluza,
el Toro y la Cuerda,
fiesta pagana.
Siempre bajo
la impasible vigilancia
en las horas nocturnas,
de los búhos reales,
desde sus miradores
discretos de caza.
La Luna,cómplice,
leal y discreta,
es la testigo
blanca y callada,
de los amores
que están escritos
en sus montañas.
Gran Zulema,
timbal y guitarra,
media luna
y cruz cristiana
azada árabe
y azada cristiana.
Donde por
primera vez
se pusieron
a bailar juntas
una mujer musulmana
y una joven gitana.

MIGUEL RUBIO

No hay comentarios:

Publicar un comentario