jueves, 7 de noviembre de 2013

LA CUESTIÓN

En momentos insólitos
uno puede llegar
a sentirse feliz.
Desde que abandoné las tiranas
reglas de la métrica
noto que me ocurre.
Acabo de salir a la plaza.
El viento, optimista,
pone su palmadita en mis hombros.
Pasivos jubilados
estiran los raídos
calcetines del tiempo.
Veo el enjambre de críos
apelotonados frente al escaparate
de las chuches,
como dípteros sobre azúcar.
Quizá la libertad sea esto.
O algo muy parecido.
El problema consiste
en saber qué hacer,
en saber qué escribir.
La eterna cuestión,
que diría el clásico.
Dilema sin sentido,
que opinaría el holgazán.

RAFAEL SIMARRO

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