veces tengo sueños terribles, y el vacío de la vida se me aparece de golpe, como un hachazo asesino en mitad de una noche de niebla espesa. Las montañas de posesiones se desmoronan y convierten en polvo, y las ilusiones se deshacen en vanos propósitos cuyo final es el olvido eterno. La noche es más terrible cuando faltan las estrellas.
Sueños. La mente oculta bajo una capa de invenciones lo inevitable. El tiempo nos deja recorrer sus caminos y nosotros, pobres incrédulos, vagabundos de ideales, arrastramos nuestros bártulos y miserias, triunfos y amores, procurando no tropezar con ninguna piedra, o intentando leer bien los carteles y señales para no perdernos, aunque no sabemos bien dónde vamos.
La Noche Eterna. Amiga. Amante. Cama y féretro, esperma y polvo. Somos lo que somos, ni más ni menos. Recorro un tupido velo mental sobre lo inescrutable, y busco otro sueño más reconfortante.
Francisco J. Segovia -Granada-
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Hace 10 horas
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