Un rayo de sol tropieza contra la ciudad vacía.
El mundo aún no amaneció y las esfinges se acicalan para el gran espectáculo.
El paisaje nace al paso del último tren de la madrugada.
Las calles se llenan del eco de pisadas diligentes.
Un nuevo día se dio a luz a sí mismo.
Amanece.
Y no es poco.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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Hace 53 minutos
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