Recogí una palabra
perdida en el viento.
No la entendí
porque las letras
habían cambiado de lugar.
Tanteé varias veces
sin quedar satisfecho.
No, esa no era,
no me sonaba a nada.
¿Cuál sería la palabra clave?
¿Cuál abriría la cerradura?
¿Mora, Roma, ramo?
Ninguna de éstas sirvió.
Empezaba a impacientarme.
No podía ser amor, tampoco moar.
Sí, ésa, ¿aún no la adivinaste?
JOSÉ LUIS RUBIO
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Hace 8 horas
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