El cielo se tiñó de morado
Y un huracán desatado anunció
aquel aquelarre espontáneo.
Las brujas indignadas entonaron
cánticos tribales, ancestrales.
Y las puertas del averno se abrieron
para engullir aquellas palabras malditas,
ofensivas, criminales, cobardes.
Fueron el veneno letal que terminó
con el macho cabrío asesino.
Ellas, las brujas, invocaron a la madre Tierra
que selló con fuego las puertas del infierno.
Era el momento de regresar a casa,
ahora
libres,
seguras,
salvajes,
empoderadas.
Rita Olmos
Compartido por Juan Luis Rincón Ares
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