lunes, 14 de diciembre de 2020

TORRENTE

 

(Soliloquio brevísimo dicho a cámara de adulto, hombre o mujer con vestuario muy sencillo, y en espacio abierto y despojado. Intenciones, recursos de la voz, mímicas y corporalidades en general dependerán de lo que se dice, de lo que expresa la verbalidad.)

En el bar del barrio me rodeó un silencio desolado en medio de la tanta gente y de las tantas conversaciones. (Pausa.) Desde la niñez, cuando me contaban como mareas de imágenes y sensibilizaciones, me gusta escuchar y hablar, hablar y escuchar. Ahora atesoro vivencias propias a compartir… unas de tantos estruendos y gritos, de desencuentros, otras de susurros y murmullos, de encuentros… Amaso en la memoria rutas, desfiladeros y olas, y acaricio adentro el deseo de nuevas experiencias de las que conocer, y a las que, luego, repasar con calma en mi interior, imaginar, analizar, degustar y, quizás, contar a mi vez reinventándolas. (Pausa.) Esta tarde en el bar conversan hombres con hombres, hombres y mujeres, mujeres con mujeres, todas y todos en voz alta, impulsivamente dado que son seres extrovertidos, ruidosos; las suyas resonantes palabras con sus melodías al decirse. (Pausa.) Pero yo no alcanzaba a escuchar todo lo dicho, y me asumí aislado, y lo estuve: a mi mesa no se sentó alguien, ni alguien me dirigió la palabra, ni siquiera un saludo, y tampoco siquiera yo aguardaba una llegada. (Pausa.) Tantas palabras y como ninguna. (Pausa.) Pensé, intuí y retuve un lamento, una lágrima, un señalamiento, propios, contuve represándolo mi propio torrente de palabras. (Pausa.) Los demás de tanto temor, de tanto no desear serlo. ¡Me han convertido, me convierten socialmente en un ser invisible! Y no lo acepto. No voy a aceptarlo. ¡No lo acepto!

Del libro Espumas de luces de FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES


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