Poco a poco llegaste a mí.
De tu mano alcancé
las cumbres más altas
donde la nieve me fue cubriendo
hasta hacerme desaparecer.
Después me llevaste al desierto
donde, en la soledad surgió,
de la arena, el ser más fantástico
que vi en mi soñadora vida.
De pronto cambiaste la arena
por un mar de olas gigantes
que saltaban por encima
del viejo espigón.
Por último borraste todas
las imágenes y dormí profundamente
arrullado por tu dulce canto.
Cuando desperté de ti, sueño,
no me quedaba ningún recuerdo.
JOSÉ LUIS RUBIO
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