No, yo no diré nunca que noche de verano,
me estremeció la fiebre
de tu mano en mi mano,
No diré que esa noche,
que sólo a ti te digo,
se me encendió la sangre
lo que soñé contigo.
No, no diré esas cosas,
y todavía menos,
La delicia culpable de contemplar tu rostro,
y no diré tampoco lo que vi en tu mirada,
que era como la llave de una puerta cerrada,
Nada más, no era el tiempo de la espiga y la flor,
y entonces llegó tarde el amor.
ARMANDO ARZALLUZ
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