domingo, 6 de diciembre de 2020


 No, yo no diré nunca que noche de verano,

me estremeció la fiebre 

de tu mano en mi mano,

No diré que esa noche,

que sólo a ti te digo,

se me encendió la sangre

lo que soñé contigo.

No, no diré esas cosas, 

y todavía menos,

La delicia culpable de contemplar tu rostro,

y no diré tampoco lo que vi en tu mirada,

que era como la llave de una puerta cerrada,

Nada más, no era el tiempo de la espiga y la flor,

y entonces llegó tarde el amor.


ARMANDO ARZALLUZ

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