Fui llovizna suave de aquel verano eterno en tus ojos,
esos ojos grandes y serenos
que semejaban un universo de amor y paz,
Tu presencia primaveral de fragancias multicolores
y de mieles encantadas, me llevaban al paraíso de la felicidad.
El amor nos marcaba siempre el paso
aún en los días más tristes y desolados
cuando ya no importaba nada solo seguir viviendo,
seguir viviendo en tu piel de canela bronceada
por el ardiente sol de aquellos días gloriosos
que hasta en esta luna de invierno evocamos
para ser parte de tu piel, tu corazón y tus sueños,
Mi felicidad infinita se mezcla con los rayos del sol,
el mantel azul del cielo adornado por blondas nubes blancas
proclaman que nuestro día es diáfano,
radiante y lleno de esperanza que nos reanima.
Los solitarios caminos ya no resplandecen
con la angustia de todos los días en el encierro.
Y ahora tenemos que mirarnos distantes
sin besos, ni abrazos, ni conversaciones alegres
que nos abriguen del cruel frío del invierno,
invierno de incertidumbres que enfría el lecho a mi lado,
pero el tibio abrazo de mi amante me conforta.
Los corceles del destino han sido montados por el temor,
la angustia, la tristeza y la soledad más siniestra.
En la oscuridad espera la parca hambrienta para cosechar
lo que nunca sembró y los campos se agitan en protesta
y la madre naturaleza se yergue altiva y reanimadora
pregonando que el germen de la vida aún está vivo.
Algo vibra en silencio en está cruel incertidumbre que congela.
es como ese silencio antes de una gran tormenta que viene.
Y así tenemos que seguir adelante en la lucha,
viendo como caen las estrellas de otros tiempos.
Y la luna de invierno parece más inmensa acercándose cada mes,
la luna impúber en tus pupilas radiantes como el gozo de poseer los besos,
los besos negados esta noche de estrellas dilatadas,
dilatadas como el palpitar de mis silencios sin ti.
La siniestra noche del tormento deambula, inquieta y desorientada,
despierta a sus duendes de miedos y adversidades
que son espantados por las trompetas de la madrugada.
Una aurora que canta al amor, a la vida, a la felicidad se yergue
y Volveremos a ese reencuentro maravilloso e inevitable,
nuestro amor y felicidad volverán a brillar en un cielo de paz y armonía.
porque hay que seguir viviendo y soñando,
alegrándonos aún de respirar en cada instante,
de poder ver que la luz sigue resplandeciendo
en medio de las sombras de este mundo más triste cada día.
Dalgis Teresa Bautista Sánchez -Colombia-, José Antonio Benítez Buais -Bolivia- y Manuel Kentore -Perú-
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