lunes, 7 de diciembre de 2020

LUNA DE INVIERNO


Fui llovizna suave de aquel verano eterno en tus ojos,

esos ojos grandes y serenos 

que semejaban un universo de amor y paz,

Tu presencia primaveral de fragancias multicolores 

y de mieles encantadas, me llevaban al paraíso de la felicidad. 

El amor nos marcaba siempre el paso 

aún en los días más tristes y desolados 

cuando ya no importaba nada solo seguir viviendo, 

seguir viviendo en tu piel de canela bronceada 

por el ardiente sol de aquellos días gloriosos

que hasta en esta luna de invierno evocamos

para ser parte de tu piel, tu corazón y tus sueños, 

Mi felicidad infinita se mezcla con los rayos del sol,

el mantel azul del cielo adornado por blondas nubes blancas

proclaman que nuestro día es diáfano, 

radiante y lleno de esperanza que nos reanima.

Los solitarios caminos ya no resplandecen  

con la angustia de todos los días en el encierro.

Y ahora tenemos que mirarnos distantes 

sin besos, ni abrazos, ni conversaciones alegres

que nos abriguen del cruel frío del invierno,

invierno de incertidumbres que enfría el lecho a mi lado, 

pero el tibio abrazo de mi amante me conforta.

Los corceles del destino han sido montados por el temor,

la angustia, la tristeza y la soledad más siniestra.

En la oscuridad espera la parca hambrienta para cosechar 

lo que nunca sembró y los campos se agitan en protesta 

y la madre naturaleza se yergue altiva y reanimadora

pregonando que el germen de la vida aún está vivo. 

Algo vibra en silencio en está cruel incertidumbre que congela.

es como ese silencio antes de una gran tormenta que viene. 

Y así tenemos que seguir adelante en la lucha,

viendo como caen las estrellas de otros tiempos.

Y la luna de  invierno parece más inmensa acercándose cada mes, 

la luna impúber en tus pupilas radiantes como el gozo de poseer los besos, 

los besos negados esta noche de estrellas dilatadas, 

dilatadas como el palpitar de mis silencios sin ti.

La siniestra noche del tormento deambula, inquieta y desorientada, 

despierta a sus duendes de miedos y adversidades

que son espantados por las trompetas de la madrugada. 

Una aurora que canta al amor, a la vida, a la felicidad se yergue 

y Volveremos a ese reencuentro maravilloso e inevitable, 

nuestro amor y felicidad volverán a brillar en un cielo de paz y armonía. 

porque hay que seguir viviendo y soñando, 

alegrándonos aún de respirar en cada instante, 

de poder ver que la luz sigue resplandeciendo 

en medio de las sombras de este mundo más triste cada día.

Dalgis Teresa Bautista Sánchez -Colombia-, José Antonio Benítez Buais -Bolivia- y Manuel Kentore -Perú-

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